Paul Rousseaux inició la producción de champán propio, continuada hoy por Jacques Rousseaux con cuidado en el cultivo y la comercialización, destacando la importancia de almacenar el champán a temperatura constante y sin exposición a la luz directa ni corrientes de aire
En los archivos del pueblo, se encuentra el nombre de François Rousseaux en 1776. En esa época, muchos viticultores cultivaban sus viñas y vendían su cosecha a las casas comerciales. Paul Rousseaux, nacido en 1884, decidió seguir un proyecto compartido por otros viticultores: producir y comercializar su propio champán. En 1999, una botella de esa época aún mantenía su frescura y color dorado.
Paul tuvo dos hijos, Pierre y Michel. Pierre, junto a su esposa Charlotte Degouy, continuó cultivando viñedos y elaborando champán, superando los conflictos que devastaron Europa y su región. Tuvieron cuatro hijos: Jacques, Anne-Marie, Luc y Dominique. Hoy en día, Jacques sigue cultivando los viñedos familiares, confiado por su familia. Con su esposa Bernadette, han desarrollado su mercado durante 30 años. Desde enero de 2001, dos de sus hijos, Céline y Eric, les ayudan a recibir visitantes en la casa de Jacques Rousseaux en Verzenay.
Para almacenar champán correctamente, se deben seguir algunos consejos esenciales. El champán se vende en estado de madurez perfecto, por lo que no necesita envejecer en casa. Las botellas deben almacenarse en un área fresca, a una temperatura máxima de 15°C (59°F), y mantener una temperatura constante. Evita la luz directa, especialmente solar o fluorescente intensa, ya que puede degradar los aromas. Además, evita corrientes de aire y fluctuaciones de temperatura, no almacenes cerca de puertas o ventiladores.


